Judaismo! - Bamidbar

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¡Judaismo!

Bamidbar

5 Sivan 5758; 30 de mayo 1998


Contenido:

  • Resumen de la Parashá
  • Comentario a la Parashá
  • Haftará
  • Consejo Paternal
  • Información sobre la suscripción
  • Or Sameaj en el Web

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  • Resumen de la Parashá

    Contenido

    El libro de Bamidbar (En el desierto) se inicia con la orden de Hashem de que Moshé tome un censo de todos los hombres mayores de veinte años, con edad suficiente para el servicio.

    El censo revela una suma de apenas por encima de 600.000 hombres. Los leviim se cuentan después, por separado, pues su servicio es especial. Ellos serán los responsables de transportar el Mishkán y sus accesorios, y de armarlos cuando la nación acampe.

    Las tribus de Israel, cada una con su bandera, se disponen alrededor del Mishkán en cuatro secciones: al este, al sur, al oeste, y al norte. Como se separa a Levi, la tribu de Yosef se divide en Efraim y Menashe, para que haya cuatro grupos de tres tribus cada uno. Cuando la nación viaja, marchan en una formación parecida al modo en que acampan.

    Se establece un intercambio formal entre los primogénitos y los leviim, por el cual los leviim adoptan el rol que habrían cumplido los primogénitos en el Mishkán, antes del pecado del becerro de oro. El intercambio se realiza empleando todos los 22.000 leviim contados, a partir de un mes de edad en adelante, si bien únicamente los leviim de edades entre 30 y 50 años habrán de servir en el Mishkán. El resto de los primogénitos son redimidos con plata, en una forma parecida a como se los redime hoy en día. Los hijos de Levi se dividen en tres familias principales: Gershon, Kehat y Merari (además de los kohanim, la división especial de la familia de Kehat). Los hijos de Kehat debían transportar la Menorá, la Mesa, el Altar y el Arca Sagrada. A causa de su suprema santidad, el Arca y el Altar los cubren solamente Aarón y sus hijos, antes de que los leviim los preparen para la travesía.




    Comentario a la Parashá

    Contenido

    "Y la Tienda de la Reunión viajaba en el campamento de Levi en medio de los campamentos..." (2:17)

    Entra a cualqueir sinagoga. ¿En qué lugar se encuentra la bimá, el gran atril en el que se lee la Torá?

    En el centro.

    ¿Por qué no está a un costado?

    Cuando los Hijos de Israel viajaban por el desierto, la Tienda de la Reunión viajaba dentro del campamento de Levi, que estaba justo en el centro del campamento. La Tienda de la Reunión se encontraba allí debido a que dentro de la Tienda de la Reunión estaba el Arón, el Arca Sagrada donde se guardaba la Torá.

    La Torá tiene que estar en el centro. No está más cerca de una persona que de otra, ni más lejos de una persona que de otra. Cualquier judío puede estar tan cerca de la Torá como cualquier otro.

    Del mismo modo, el Arbol de la Vida estaba plantado en el centro del Jardín del Edén. La Torá es llamada el Arbol de la Vida a aquéllos que la sostienen. Las manijas con las que la asimos se llaman "Etz ha Jaim", el Arbol de la Vida. Las manijas están en el centro de cada uno de los rollos, así como el Arbol de la Vida estaba en el centro del Jardín del Edén. Y la Torá es el centro de la vida del judío. Si la mueve a un costado, relegándola a ser un pasatiempo de fin de semana, pierde todo el equilibrio y sentido de la vida. El materialismo enseguida se encarga de llenar el vacío que quedó al dejar "a un lado" a la Torá.

    La Torá exige concentración. Debemos concentrarla en el centro de nuestra vida. Pues ella es el corazón de nuestra fe. Y así como del corazón surge la vida misma, por lo que su sitio se encuentra en el centro del cuerpo, la Torá se encontraba en el centro de los campamentos de Israel.

    El corazón bombea la sangre a todas las extremidades del cuerpo por igual, sin descriminación, sustentando así a todos los miembros. La Torá Sagrada bombea la fuerza vital del judaísmo a todos los miembros del pueblo judío, sin descriminación, no importa quiénes sean.

    Jafetz Jaim


    "Y Hashem le habló a Moshe en el desierto de Sinaí" (1:1)

    El campamento del Camino de Yanowska era simplemente una manera más de matar judíos. Los nazis (imaj shemam) construían un camino que atravesaba Polonia, pero nadie sabía cuál era el propósito principal: si terminar con el camino, o terminar con los judíos. Sea como fuere, el segundo propósito iba definitivamente mucho más rápido.

    Una noche, los aliados bombardearon el camino. Los judíos, pura carne y huesos, se acurrucaron en sus literas mientras cientos de toneladas de TNT explotaban a su alrededor.

    Por un gran milagro, nadie resultó herido. Sin embargo, con el camino fue otra historia. Al final del bombardeo, el camino parecía más bien la superficie de la luna, repleto cráteres de todos los tamaños.

    Los nazis, imaj shemam, quer[a1]ían "divertirse un rato". Gritando y vociferando, ordenaron que los judíos salieran del escondite. En el helado invierno polaco, los hicieron correr descalzos por el camino, hasta el cráter más grande.¡Eh, ustedes, judíos, no les vendría mal un poco de ejercicio! Uno por uno van a saltar este cráter. Si lo pueden saltar, pueden volver a la cama. Pero si se caen en el cráter, les vamos a disparar con ametralladora, hasta que caigan muertos. ¿No es cierto que va a ser divertido?"

    La quietud de la noche se vio interrumpida por el quebradizo sonido de la ametralladora y los últimos gritos de un judío santo que se despedía de este mundo.

    En aquella silenciosa fila del destino, se encontraba un gigante del alma, el Bluzhever Rebe, zatzal. Y detrás de él, había un joven que había perdido su fe a causa de los tormentos de la guerra.

    El joven le dijo al Rebe: "¿Por qué tenemos que servir de entretenimiento a estos cerdos sádicos? Cuando llegue mi turno, no voy a saltar. Que me disparen aquí donde estoy. Yo no les voy a servir de entretenimiento. ¡Yo no voy a actuar para ellos como un perro!". Silenciosamente, el Rebe le respondió: "Querido amigo. ¡Qué valioso regalo nos dio el Creador! Nos dio el máximo regalo que se le puede dar a alguien: el regalo de la vida. Pero nos lo dio con una condición: que no se lo devolvamos. Sino que El Mismo ha de venir a buscarlo.

    Cada segundo de nuestra vida es invalorable. Siempre que esté en nuestras manos seguir viviendo, debemos aferrarnos a la vida con todo nuestro poder. Si saltamos y llegamos al otro lado, habremos honrado el regalo que El nos dio. Y si saltamos y nos caemos, llegaremos al otro mundo apenas unos pocos segundos después que si nos hubiéramos negado a saltar".

    Y llegó el momento de la verdad. El Bluzhever Rebe se paró en la boca del abismo. Reuniendo la poca fuerza que quedaba en su frágil cuerpo, cerró los ojos. Al joven le pareció que apareció una sonrisa en el rostro angelical del Rebe. Como si hubiera reconocido a un viejo amigo. El Rebe dio unos pasos atrás y entonces saltó hacia la oscuridad.

    El Bluzhever abrió los ojos. Estaba del otro lado. Unos segundos más tarde, el joven aterrizó junto a él.

    "¿De dónde sacó la fuerza para cruzar?", preguntó el joven.

    "Justo antes de saltar, vi una visión de mi zeide ("abuelo", en yidish). Frente a él estaba el padre de él y el zeide de él y todos los santos judíos a través de las generaciones, hasta llegar a Moshe Rabeinu, a Abraham Avinu. Todos esos judíos que cumplieron con nuestra sagrada Torá inclusive cuando les costó la vida.

    Vi que mi zeide saltaba el cráter frente a mí. Yo extendí las manos y me aferré a los faldones de su saco. Y él me asió y me cruzó al otro lado".

    Los dos se quedaron en silencio unos instantes. Por fin, el Rebe dijo: "¿Te puedo hacer una pregunta?" El joven asintió. "Yo entiendo como crucé yo, pero cómo hiciste tú para cruzar?"

    El joven hizo una pausa antes de responder: "Yo iba colgado de sus faldones".

    ¿De dónde proviene este poder de "aferrarnos a los faldones" de nuestros antepasados?

    La Torá fue dada en Fuego, en Agua, y en el Desierto.

    Por intermedio de Abraham Avinu recibimos la Torá en Fuego. Abraham pasó por el horno ardiente de Ur Kasdim para no negar a Hashem. El es el padre del pueblo judío. El progenitor. En el Mar Rojo, el pueblo judío, en tanto que nación, pasó la dura prueba del Agua. El ejército egipcio estaba determinado a arrojarlos al mar. Ante la orden de Hashem, toda la nación saltó al agua, y el mar se partió.

    Y al que diga que se trató de un mero instante de valentía, que se fije en el tercer hecho que selló la capacidad de abnegación del pueblo: cuando fueron tras Moshe en la vastedad del desierto, sin comida, sin agua, sin más que una promesa de un alimento milagroso proveniente del cielo, y sin más compañía que serpientes y escorpiones.

    Esas tres duras pruebas, en el Fuego, en el Agua y en el Desierto, fueron las que sembraron en los genes espirituales del pueblo judío la capacidad de abnegación y el amor por la Torá, que son los que nos permitieron conservar nuestra sagrada Torá y nuestra fe.

    Aferrándonos a los faldones de nuestros zeides...

    Midrash Rabá, Rabí Meir Shapiro en Maianá shel Torá; Rabí Mendel Weinbaj




    Haftará

    Hoshea 2:1 - 22

    Contenido

    "Y será en el lugar donde se dijere de ellos: 'Vosotros no sois Mi pueblo', se les dirá: 'Los hijos del D-os viviente'" (2:1)

    La historia del pueblo judío demuestra que específicamente en las tierras en las que fueron oprimidos y separados en guetos, precisamente allí prosperó la vida judía.

    Irónicamente, allí donde recibieron aceptación y habitaron cómodos con igualdad de derechos, allí tuvo lugar el flagelo de la asimilación y la desaparición del judaísmo.

    El holocausto espiritual ha provocado una hemorragia que arrasó con los miembros del cuerpo del pueblo judío.

    El profeta Hoshea nos enseña que "será en el lugar que se les dirá 'No sois Mi pueblo', vale decir, específicamente en aquellos lugares en que los judíos serán rechazados y se los considerará seres inferiores, "se os dirá: 'hijos del D-os viviente'", vale decir, allí ocurrirá que conservaréis muy bien vuestra fuente, la Torá, hasta que sea obvio y evidente que son "los hijos del D-os viviente".

    Bikurei Aviv


    Extraídos de la Etica de los Padres, que se suele estudiar en los Shabats del verano.

    "La envidia, la pasión y el honor sacan a la persona de este mundo"

    Rabí Eliezer Hakapar (AVOT 4:2)

    Esta advertencia respecto de los elementos autodestructores se corresponde con la que pronunció Rabí Yehoshua (Avot 2:11), cuando dice: "el mal ojo, la mala inclinación y el odio al prójimo sacan a la persona de este mundo". La envidia a las demás personas es producto del "mal ojo", que no está satisfecho con lo que tiene, mientras que la pasión es el instrumento de la mala inclinación. Pero ¿cuál es la simetría entre la codicia de honor y el odio al prójimo?

    Una explicación posible es que no hay nada que la gente odie tanto como la persona que busca el honor, y aunque lo adulen por afuera, en lo profundo del corazón lo odian.

    Otra respuesta posible es que la búsqueda del honor inevitablemente conduce a la persona a odiar a los demás, cuando ellos no le dispensan el honor que él piensa que se merece.


    Escrito y Recopilado por: Rabino Yaakov Asher Sinclair
    Editor y Responsable: Rabino Moshe Newman
    Diseño de Producción: Lev Seltzer
    Diseño de HTML: Moises Cohen


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