
Vaera
28 de Tevet 5759; 16 de enero 1999
Resumen de la Parashá
Contenido
D-os le dice a Moshé que le
diga al Pueblo Judío que El los va a sacar de Egipto, pero
ellos no escuchan. D-os ordena a Moshé ir a Paró
y pedirle que libere al Pueblo Judío. Aunque Aarón
le muestra a Paró una señal, convirtiendo su bastón
en una serpiente, los magos de Paró duplican esta señal,
alentando a Paró a rechazar el pedido.
D-os castiga a los egipcios mandándoles plagas de sangre
y ranas, pero los magos copian el milagro en una escala menor,
alentando otra vez a Paró a no concederle a Moshé
su petición. Sin embargo, después de la plaga de
los piojos, hasta los magos de Paró aceptan que sólo
el Unico, verdadero D-os puede hacer estos milagros. Sólo
los egipcios, y no los judíos en Goshen, sufrieron durante
las plagas. El ataque continúa con animales salvajes,
pestilencia y lluvia de hielo y fuego. A pesar del ofrecimiento
de Moshé de parar las plagas si Paró deja que el
Pueblo Judío se vaya de Egipto, Paró continúa
con un corazón endurecido, y se niega a liberarlos.
Comentario a la Parashá
Contenido
"Los nigromantes hicieron lo mismo por medio de sus encantamientos;
entonces se fortaleció el corazón del Faraón
y no les hizo caso..." (7:22)
¿Qué harías si viniera alguien y convirtiera
los ríos en sangre? Tratarías de hacer que el río
volviese a su estado normal. ¿Y qué harías
si alguien hiciera que del río salieran millones de ranas?
Tratarías de librarte de ellas.
Pero el Faraón no intentó librarse de las plagas,
sino que hizo que sus magos las duplicaran. Eso podrá haber
sido muy impresionante, y seguramente debió haberse sentido
muy importante, pero con eso lo único que hacía
era atacarse a sí mismo.
¿No habría sido mejor que los magos eliminaran la
sangre y las ranas? Habría sido igual de impresionante,
y muchísimo más efectivo.
Pero así es como funciona la maldad. No importa si pierdo...
siempre y cuando el otro no gane.
Rabí Shlesinger, según oímos de boca de
Rabí Moshé Zauderer
"Esta vez he pecado; Hashem es el Justo, y yo y mi pueblo
somos los malvados" (9:27)
Al Faraón le llevó siete plagas admitir que había
pecado. Recién después de la plaga del granizo,
dijo: "Esta vez he pecado". ¿Por qué no
había reconocido su culpa hasta ese momento?
La cosmología del Faraón consistía de deidades
que luchaban entre sí. Supuestamente, cada dios gobernaba
un aspecto distinto de la naturaleza. Había un dios del
sol, un dios de la luna, un dios del Nilo. El mundo del Faraón
era un mundo en que los elementos se hallaban constantemente
en guerra. El dios del Nilo debía ser apaciguado para que
el río pudiese hincharse y desbordarse, pues de eso dependía
la fertilidad de sus orillas. El dios del sol debía ser
apremiado para que no quemara los cultivos. Pero no había
ningún dios que combinara juntos todos los elementos, pues
cada uno era un poder por separado.
Sin embargo, en el caso de esta plaga, el granizo que cayó
en Egipto no era un granizo común y corriente. Adentro
de cada piedrita había un diminuto horno de fuego. Se habían
unido el fuego y el agua. La unión de los opuestos.
Al ver esta plaga, el Faraón se dio cuenta de que había
un D-os en el cual se unían todas las dispares facetas
de la existencia. Por eso admitió: "Esta vez he pecado".
Cuando al decir 'kadish' pronunciamos la frase "El, Quien
hace la paz en sus exaltados reinos...", nos estamos refiriendo
a los mundos superiores en los cuales hay un ángel del
fuego y un ángel del hielo. Hashem logra hacer la paz entre
ambos. Por eso decimos "El hará la paz para nosotros
y para todo Israel".
Sfat Emet
"Moshe habló ante Hashem, diciendo: 'He aquí
que los Hijos de Israel no me han escuchado; entonces ¿cómo
me habría de escuchar el Faraón? Y tengo los labios
sellados..." (6:12)
El poder del líder espiritual proviene del pueblo.
En cada generación, Hashem promete que habrá líderes
espirituales, los grandes sabios de la Torá, a quienes
se les conferirá la capacidad de aconsejar y dirigir a
la nación.
Sin embargo, cuando el pueblo judío se niega a escuchar
a esos gigantes espirituales, y en cambio, van tras los políticos,
que no poseen un coeficiente intelectual superior al del resto
de la gente, entonces los líderes espirituales no tienen
poder de influir ni de ayudar al pueblo.
Por eso, si los Hijos de Israel hubieran escuchado a Moshé,
se le habrían abierto los labios y sus palabras habrían
afectado hasta al Faraón, pero como los Hijos de Israel
no escucharon, Moshe tenía "los labios sellados".
Oído de Rabí Zev Leff
"... Y la vara de Aarón se tragó las varas
de ellos" (7:12)
"No se deje engañar por falsas imitaciones"
Cuando la vara de Aarón se tragó las varas de los
brujos egipcios enfrente del rey, a nadie le quedaron dudas de
cuál era el original y cuál era la copia. La historia
judía se vio plagada de otros movimientos que afirmaban
ser "el verdadero judaísmo". Sin lugar a dudas,
el que tuvo más éxito fue el cristianismo, pero
hubo muchos otros que también trataron de llevar la bandera
del "judaísmo auténtico". Hay algunos
que rompen con el judaísmo normativo y se cambian el nombre,
y hay otros que usurpan la autoridad de los sabios de la Torá,
y a sus creencias también las llaman "judaísmo".
Durante el Imperio Otomano, los karaítas trataron de obtener
el reconocimiento de la gente de que ellos eran el "judaísmo
auténtico". Se acercaron al sultán, para que
los reconocieran como el legítimo "Pueblo de Israel",
y al mismo tiempo desenmascararan al pueblo judío de la
Torá, acusándolo de ser un "fraude". El
sultán convocó a un rabino y a un representante
de los karaítas, a que comparecieran delante de él
en el palacio real. El sultán decidiría cuál
de los dos era el auténtico "pueblo del libro",
tras prestar oídos a ambas demandas.
Por supuesto, tal como dicta la costumbre de los países
orientales, tanto el karaíta como el rabino debían
quitarse los zapatos antes de presentarse ante el sultán.
El karaíta se quitó los zapatos y los dejó
a la entrada del salón del rey. El rabino también
se quitó los zapatos, pero él los levantó
y los llevó a su audiencia con el sultán.
El sultán se sorprendió muchísimo ante
la extraña imagen del rabino sosteniendo el par de zapatos,
y exigió una explicación.
El rabino le dijo: "Su Majestad, tal como sabrá,
cuando el Santo Bendito Sea, apareció ante nuestro maestro
Moisés, la paz sea sobre él, junto al arbusto ardiente,
D-os le dijo a Moisés: "Quítate los zapatos
de los pies".
Y prosiguió: "Tenemos la tradición de que
mientras Moisés estaba hablando con D-os, vino un karaíta
y le robó los zapatos.
"Por eso, ahora, cada vez que estamos en compañía
de un karaíta, no dejamos los zapatos en cualquier lado"
El karaíta se dirigió al rabino, exclamando: "¡Qué
tontería! Todo el mundo sabe que en la época de
Moshé, no había karaítas!"
El rabino dejó que penetraran las palabras del karaíta,
y luego agregó, en tono bajo: "Su Majestad, no creo
que haya falta decir más..."
No se deje engañar por falsas imitaciones...
Kojav mi Iaakov
Yejezkhel 28:25-26, 29:1-21
Contenido
Así como la parashá de esta semana describe la caída
de Egipto en los tiempos de Moshé, la Haftará también
describe la desaparición de un Egipto posterior, de la
época del profeta Yejezkhel.
Igual que el Faraón de los tiempos bíblicos, el
Faraón de la Haftará también se proclamó
a sí mismo como un dios que había creado el Nilo.
Sin embargo, Egipto habrá de ser conquistado por Nebujadnetzar,
rey de Babilonia, y cuando ambos imperios yazcan en ruinas, Israel
emergerá, sana y salva, para reunirse con Hashem.
"He aquí que estoy por sobre ti, Faraón"
(29:3)
Había una vez un mayordomo de una enorme mansión,
que un día decidió hacerse pasar por su amo. Debía
llegar un invitado que no conocía al verdadero dueño
de casa. El mayordomo se adornó con las ropas más
finas de su amo y recibió al huésped simulando modales
aristocráticos, haciendo gran ostentación al mostrarle
la enorme mansión, su invalorable colección de pinturas,
y los acres y acres de suntuosos jardines. El mayordomo se entretuvo
mucho con su "actuación", hasta que por fin llegó
el verdadero dueño de casa, quien puso al mayordomo en
su sitio.
Del mismo modo, el Faraón se engrandecía a sí
mismo, conduciéndose como si él mismo fuera el amo
supremo, que no tiene que responder a nadie por sus acciones.
Hasta se convirtió él mismo en un dios y proclamó
"Yo no conozco a Hashem". Por eso Hashem le recuerda
al Faraón: "He aquí que estoy por encima de
ti, Faraón". "No olvides que Yo reino sobre ti,
y que tú estás en Mis manos para hacer lo que Yo
crea adecuado. ¡No eres más que un mayordomo 'actuando
de amo'!"


Selecciones de fuentes clásicas en las que se expresa
la singular relación que existe entre el Pueblo Judío y Eretz Israel.
Tierra de leche y miel
Cierta vez, de visita por
Bnei Brak, el sabio talmúdico Rabí Rami bar Yejezkhel
vio unas cabras que comían debajo de una higuera. De los
higos maduros goteaba miel, y de las cabras, leche, y las dos
se combinaban en una misma corriente.
Ese es el significado de "tierra de la que mana leche y miel",
exclamó el sabio.
El Maharsha señala que la interpretación superficial
de este tributo a Eretz Israel (Shmot 3:8, 13:5) es que es una
descripción gráfica de la extraordinaria abundancia
de recursos naturales. Pero entonces la Torá debería
haber dicho "de la que mana leche y de la que mana miel".
Al emplear el término "mana" una sola vez , se
está señalando que ambos elementos fluyen juntos.
Y el sabio entendió esto en forma ilustrada al ver cómo
los dos elementos se combinaban.
Tal vez, la significatividad de su descubrimiento sea que no sólo
Eretz Israel fue bendita con recursos naturales sanos y apetitosos,
sino que esas dos dimensiones, aparentemente dispares, de alimentos,
se combinan en forma natural y perfecta para la salud y el goce
de los habitantes de la tierra "de la que mana leche y miel".
Ketuvot 111b
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