
Shemot
19 de Tevet 5758; 17 de enero 1998
Resumen de la Parashá
Contenido
Con la muerte de Yosef la era de los Avot y el libro
de Bereshit (Génesis) llega a su fin. El libro de Shemot
(Exodo) ahora hace la crónica de la creación de
la nación de Israel de los descendientes de Yaakov. Al
principio de la parashá de esta semana Paró, temiendo
la sobrepoblación de judíos en Egipto, los esclaviza.
Sin embargo como la tasa de nacimientos continúa creciendo,
él ordena a las parteras judías que maten a todo
bebé varón. Yojeved da a luz a Moshé y lo
pone en una canasta en el Nilo antes de que alguien lo mate. La
hija de Paró encuentra y adopta al bebé, a pesar
de que se da cuenta que es probable que sea hebreo. Miriam, la
hermana mayor de Moshé, se ofrece para encontrar una nodriza
para Moshé. Ella arregla que su madre Yojeved sea la nodriza
y ayude a criarlo. Años después, Moshé presencia
a un egipcio golpear a un hebreo, y Moshé mata al egipcio.
Cuando Moshé se da cuenta que su vida está en peligro,
escapa a Midián donde rescata a Tzipora, y el padre de
ésta, Yitró, aprueba su subsecuente matrimonio.
En Jorev Moshé presencia el "arbusto ardiente"
donde Hashem le encomienda dirigir al pueblo judío desde
Egipto hasta Eretz Israel, que Hashem prometió a sus ancestros.
Moshé protesta que el pueblo judío en Egipto dudará
que él sea el enviado de Hashem, así que Hashem
ayuda a Moshé realizar tres transformaciones milagrosas
que lo validan a los ojos del pueblo: convertir su bastón
en una serpiente, su mano saludable en una mano leprosa, y agua
en sangre. Cuando Moshé declara que él no es un
buen orador público Hashem le dice que su hermano Aarón
será su vocero. Aarón recibe a Moshé en su
regreso a Egipto, y solicitan a Paró que deje en libertad
a los judíos. Paró responde con decretos más
duros, declarando que los judíos deben producir la misma
cuota de ladrillos que antes, pero sin que se les suplan los materiales.
El pueblo pierde esperanza, pero Hashem le asegura a Moshe que
El forzará a Paró a dejar a los judíos ir.
Comentario a la Parashá
Contenido
"Los egipcios empezaron a forzar a los israelitas
a que hicieran labores destinadas a quebrantar sus cuerpos"
(1:13)
Cierta vez, Henry Ford, el famoso empresario industrial
norteamericano, se encontraba sentado en el balcón de su
mansión, junto al mar. Ford divisó a un pescador,
que estaba recostado en la playa tomando sol, pensando en nada.
Junto al pescador, había un balde con unos cuantos peces
nadando de acá para allá.
Ford llamó al pescador, que se despertó
de sus sueños, y fue con paso cómodo hacia la mansión.
"Dígame... ¿qué está
haciendo?", preguntó Ford.
"Relajación", respondió el
pescador.
"¿Sabe una cosa?", le dijo Ford, "si
se pusiera a trabajar un poco más fuerte, pescaría
muchos más peces".
"¿Y luego qué?, dijo el pescador.
"Y luego tal vez tendría suficiente dinero
para comprar un bote".
"Aha... ¿y luego qué?", preguntó
el pescador.
"Bueno... si tuviera un bote, podría
pescar muchísimos más peces, y si trabajara fuerte,
tal vez podría comprar otro bote más".
"¿Y entonces qué?"
"Bueno... con dos botes pescaría un montón
de peces, y con un poco de suerte podría conseguir suficiente
como para comprar toda una flota de botes".
"¿Y luego qué?"
"Bueno... con toda una flota de botes trabajando
para usted, se podría relajar y tirarse en la playa a tomar
sol todo el día".
"¡Pero eso es precisamente lo que estoy
haciendo ahora!"
La gente no trabaja solamente para ganar dinero.
La persona tiene que tener un sentido de propósito, de
orgullo de sus logros.
La Torá describe la labor que hacían
los judíos en Egipto como avodat parej, un tipo de trabajo
que quebranta a la persona.
No hay nada que rebaje tanto a una persona como ver
que sus esfuerzos son en vano, que no tienen ningún propósito.
Por eso el Faraón mandó que los judíos construyeran
Arei Miskenot , literalmente, "ciudades pobrecitas".
Dichas ciudades se construían sobre arena, y ni bien se
terminaban de construir, se desmonoraban y caían.
Entonces tenían que empezar a construir todo
de nuevo, y otra vez la misma historia...
Había una vez un prisionero en un campo de
trabajos soviético que fue confinado a su celda durante
diez años. Cada día lo pasaba dando vueltas a una
gran manija que salía de la pared de su celda. Le dijeron
que la manija activaba un molino de harina que había del
otro lado de la pared.
Al cabo de diez años, cuando finalmente fue
liberado de su confinamiento, vio que del otro lado de la pared...
no había absolutamente nada.
Eso fue más aplastante que los diez años
de cárcel.
Cuanto más grande es el sentido de propósito
del trabajo de una persona, mayor es el esfuerzo que se invierte
en su logro.
El judío trabaja en pos de una vida eterna
en el Olam Haba, el Mundo Venidero.
"Seis días trabajarás (taavod)
y harás todas tus labores (melajá), y el séptimo
día será un Shabat para tu D-os". Lo que transforma
el trabajo servil (avodá) en una actividad creativa llena
de propósito (melajá), es el Shabat, el "gusto"
del Olam Haba en este mundo.
(Adaptado de Outlooks and Insights, de Rabí Zev Leff.)
"Y Moshe creció, y salió hacia
sus hermanos..." (2:11)
Había una vez un cowboy hollywoodense que
venía de un medio muy poco "cowboy": era asistente
de una casa de ropa de hombres en el Midwest de U.S.A. Para mejorar
un poco su imagen, el equipo publicitario le inventó una
nueva identidad, según la cual había sido descubierto
en una oficina de telégrafo de Wells Fargo en un pequeño
pueblo cowboy de Arizona. Un cierto día, en el pico de
su fama, el cowboy hollywoodense llegó a ese pueblito,
donde se organizó un desfile acorde con su renombre. Mientras
desfilaba en el asiento posterior de su limusina abierta, el coche
pasó por la oficina de Wells Fargo. El cowboy se inclinó
hacia su agente de prensa, el mismo agente de prensa que le había
reescrito su pasado, y le dijo sin parpadear:
"¿Ves esa estación de Wells Fargo?
Allí fue donde me descubrieron..."
Uno de los peligros de la fama es que uno puede empezar
a creer lo que dicen de uno los periódicos...
El Midrash dice que cuando Moshe "creció",
creció "no a la manera del mundo". El resto
del mundo funciona así: cuando una persona crece y se hace
famosa, se olvida (o hace que se olvida) de sus raíces,
de su pasado y de sus hermanos. Es como si de repente le hubiera
dado "amnesia" de todo lo que tiene que ver con problemas
y dificultades. Moshe creció en el palacio del Faraón
con una "cuchara de oro" egipcia en la boca; pero, no
obstante, creció "no a la manera del mundo",
pues jamás se olvidó del sufrimiento de su pueblo.
Moshe "salió hacia sus hermanos". Fue a descubrir
sus problemas y el modo en que podría rescatarlos de la
opresión.
(Basado en Yalkut Ha Drush en Iturei Torá)
"Y éstos son los nombres de los Hijos
de Israel..." (1:1)
Esta es la frase inicial del libro de Shemot (Exodo).
Y como frase inicial, debe apuntar a algún
concepto fundamental del libro de Shemot. Porque lo que viene
primero siempre contiene las semillas de lo que viene después.
El libro de Shemot describe el exilio del pueblo
judío en Egipto y su milagrosa redención.
Hashem nunca trae una enfermedad sobre Su pueblo
sin antes tener lista la cura. Inclusive antes de que los judíos
fueran hechos esclavos, la luz de la redención ya brillaba,
oculta, esperando su momento oportuno. Y esto está aludido
en el nombre de las tribus de Israel que fueron hechas esclavas
en Egipto. Porque cada nombre alude a la inevitable redención.
El nombre Reuven proviene de la raíz "ver".
Como dijo Hashem: "En verdad he visto la aflicción
de Mi pueblo" (3:7). El nombre de Shimon proviene de "oír":
"Y D-os oyó sus lamentos" (2:24)
Junto con el exilio viene la redención. Y,
en el mismo sentido, vemos que Tishá be Av, el día
que más tiene que ver con el exilio, es el día en
que nace Mashíaj. Y el Mashíaj traerá consigo
la liberación final.
Yeshayahu 27:6 - 28:13, 29:22 - 23
Contenido
Yaakov Avinu tenía dos nombres: "Yaakov"
e "Israel". Al pueblo judío se lo conoce por
ambos nombres.
El nombre "Yaakov" describe la experiencia
del pueblo judío en las épocas de degradación
y sufrimiento. Israel connota al pueblo judío cuando alcanza
su potencial.
El profeta Yeshaiahu vivió en una época
de decadencia espiritual. El comienza la Haftará con la
profecía de que la "raíz" de Yaakov, igual
que todas las raíces, a pesar de que nadie la ve y de que
todos la pisan, volverá a producir exuberantes frutos.
"A quién se le enseñarán
conocimientos, a quién se le puede hacer entender un mensaje?
Los que fueron destetados de la leche (de su madre), quitados
del pecho" (28:10)
Desde los días de la Revolución Industrial,
hemos sido testigos de un desarrollo cada vez más aceleradode la ciencia y la tecnología.
Tal como predijo el sagrado Zohar, a partir del año
5600 se abrieron las puertas de la sabiduría. Si el pueblo
judío hubiera tenido méritos, ese impresionante
derrame de conocimientos habría hallado un hogar ideal
en la sabiduría de la Torá y la santidad.
Ahora bien: como no fuimos lo suficientemente dignos,
esa difusión de energía superior se canalizó
hacia el ámbito de la sabiduría superficial, precipitando
la invención de armas de destrucción masiva.
Desde el día en que se destruyó el
Beit ha Mikdash, "la profecía les fue dada a los locos
y a los pequeños". Lo cual significa que cuando Israel
habitó en la Tierra Santa, la energía celestial,
tanto espiritual como material, descendió a su sitio correcto.
Pero desde la destrucción del Beit ha Mikdash,
esa radiación espiritual se ha desviado, descendiendo en
tierras desoladas y personas ineptas: "los locos y los pequeños".
A eso es a lo que apunta el profeta cuando pregunta
si a "los que fueron destetados de la leche (de la madre)"
se les puede "hacer entender un mensaje".
(Adaptado de Ahavat Yonatan y Rabí Simja Bunim Mi Pishiske)

Comentarios sobre las Canciones que cantamos en la mesa de Shabat a través de las generaciones.
Yom Ze Mejubad
"El Mas Preciado de los Días..."
Sheshet yamim taasé melajteja, va iom ha shvií
leelokeja
"Seis días trabajarás y el séptimo día será para tu D-os"
Esta estrofa, que se basa en las palabras del Cuarto
Mandamiento, sugiere una perspectiva fascinante del Shabat como
una experiencia activa más que como el acto pasivo de evitar
el trabajo. En su comentario de la Torá, Rabí Jaim
ben Atar, autor de "Or ha Jaim", explica que el uso
del conector "y" con relación al séptimo
día comunica la idea de que el judío trabaja siete
días a la semana: seis días en sus propias actividades
y el séptimo día en actividades de divinidad. El
rezo y el estudio de la Torá de un modo al que no tenemos
acceso el resto de la semana, y hasta durante la comida, la bebida
y el sueño, los que poseen una dimensión especial
de santidad.
Escrito y Recopilado por: Rabino Yaakov Asher Sinclair
Editor y Responsable: Rabino Moshe Newman
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© 1998
Ohr Somayach International.
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