
Vayeji
12 de Tevet 5758; 10 de enero 1998
Resumen de la Parashá
Contenido
Después de vivir 17 años en Egipto,
Yaakov siente que se acerca el final de sus días, y manda
a llamar a Yosef. Le ruega que le prometa que va a enterrarlo
en la Cueva de Majpelá, donde están enterrados Adán
y Eva, Avraham y Sara, Yitzjak y Rivka. Yaakov se enferma y Yosef
le trae a sus dos hijos Menashe y Efraim. Yaakov eleva a Menashe
y Efraim a la misma categoría de sus propios hijos dándole
a Yosef una herencia doble, a consecuencia de esto, la primogenitura
no pertenece más a Reuven. Como Yaakov a su edad ha quedado
ciego, Yosef le acerca a sus hijos, Yaakov les besa y abraza,
lleno de alegría de poder tener cerca a sus nietos y a
su hijo, al que una vez creyó muerto.Yaakov les bendice,
empezando por Efraim, el más joven, pero, Yosef le interrumpe
y le recuerda que Menashe es el mayor. Yaakov le explica que debe
dar una Brajá más poderosa a Efraim porque de él
va a descender Yehoshua, y Yehoshua va a ser el conquistador de
Eretz Yisrael y va a enseñar la Torah al Pueblo Judío.
Yaakov llama al resto de sus hijos para bendecirles, sus bendiciones
reflejan el carácter único de cada una de las tribus
y su misión individual en el servicio de Hashem.
Yaakov muere a la edad de 147 años. Una gran
procesión funeral le acompaña desde Egipto hasta
la Cueva de Majpelá en Jevrón. Después de
la muerte de Yaakov, los hermanos temen que Yosef va a vengarse
de ellos, pero Yosef les asegura que no va ser así, e incluso
les dice que va a mantenerles. Yosef acaba su vida en Egipto viendo
hasta los bisnietos de Efraim. Antes de morir predice que D-os
va a sacar a los Judíos de Egipto, y hace prometer a sus
hermanos que van a sacar sus huesos de Egipto. Yosef muere a los
110 años de edad y es embalsamado. Así acaba el
Sefer Bereshit, el primer libro de la Torah.
Comentario a la Parashá
Contenido
"Y Yosef fue a enterrar a su padre..." (50:7)
Escena Uno: Un restaurante de Nueva York. Abe y Sol,
dos ciudadanos de la tercera edad, conversan amigablemente. Abe
apoya el vaso y mira a la distancia. Al hablar, es como si 2.000
años de historia pasaran delante de sus ojos:
Abe: "¿Sabes, Sol? Siempre tuve el deseo
de ir a Israel..."
Sol: (con cierto cinismo) "¿Sí?
¿Y por qué no vas?
Abe: Estoy esperando...
Sol: ¿Y qué es lo que estás esperando?
Abe: (como soñando...) Estoy esperando...
a que sea demasiado tarde.
A Yaakov Avinu no le resultó nada fácil
que lo enterraran en la Cueva de Majpelá. Había
cuatro grandes personalidades que se oponían a tales planes:
Su hijo Yosef, el Faraón, los Reyes de Canaán y
su hermano Esav.
Yosef no quería que su padre fuera enterrado
en la Cueva de Majpelá, debido a que era el lugar de entierro
de Lea. Rajel, la madre de Yosef, no estaba enterrada allí,
sino en el camino de Betlejem. Por eso a Yosef no le gustaba nada
la idea de ver a su padre enterrado con alguien que no era su
madre. Por eso Yaakov Avinu le hizo jurar que lo enterraría
en la Cueva de Majpelá.
El Faraón no quería que el cuerpo de
Yaakov fuera sacado de Egipto, porque le preocupaba la posibilidad
de que hubiera otra vez hambre en la tierra.
Los Reyes de Canaán no querían dejar
que Yaakov Avinu fuera enterrado en la Cueva de Majpelá,
que era parte de su reino, pues temían un cortejo real
de un poder foráneo en su "territorio". Sentían
que constituía un desafío a su autoridad.
Y Esav no quería que Yaakov fuera enterrado
en la Cueva de Majpelá porque pensaba que él era
el heredero por derecho de su padre Itzjak, y, como tal, a él
solo le correspondía estar enterrado allí.
Cuatro fueron los que se interpusieron a Yaakov Avinu.
Cuatro adversarios formidables. ¿Por qué Yaakov hizo
todo lo posible para que lo enterraran en la Tierra de Israel
y no en Egipto?
Yaakov estaba transmitiendo un mensaje a todas las
generaciones por venir: "Tal vez haya tenido que vivir en
el extranjero, pero no fui enterrado en el extranjero".
Yaakov les decía a todos sus descendientes,
de todas las nacionalidades y de todas las épocas: "Tal
vez se sientan muy cómodos viviendo en el exilio, tanto
en Egipto como en Roma, o España, o Argentina, o Estados
Unidos... Podrán vivir en el exilio, pero ése no
es su verdadero lugar. Su lugar está en la Tierra de Israel.
No esperen a que sea demasiado tarde...
(Basado en Meshej Jojmá, según el relato de Rabí Moshe Carlebaj)
"Y Yaakov vivió en la tierra de Egipto durante diecisiete años..." (47:28)
La historia vuelve a repetirse. Lo que pasó,
vuelve a pasar. El acto más ínfimo de los avot (padres
de la nación) reverbera por los corredores de todas las
épocas.
Hashem le reveló a Abraham que sus descendientes
serían exiliados en Egipto. Hashem le dijo también
cuánto se extendería exactamente el exilio. La historia
vuelve a repetirse: Hashem le reveló a Yaakov la Diáspora
del pueblo judío y el inevitable fin de este exilio. Así
como Abraham fue el primero, Yaakov fue el último. Y por
ser el último, es el símbolo del objetivo esencial
de los padres de la nación. Porque lo último en
llegar siempre revela el objetivo primigenio. Por eso el pueblo
judío se llama "Israel": el otro nombre de Yaakov.
Israel es la expresión esencial y final de Yaakov. De él
heredamos nuestro propósito y nuestro destino como nación.
Los diecisiete años que Yaakov pasó
en Egipto fueron la esencia de toda su vida. Durante aquellos
años, Yaakov vivió libre de angustia, libre del
yetzer ha ra (mal impulso) y era como si estuviera viviendo en
el Mundo Venidero.
Los años que Yaakov transcurrió en
Egipto son como la matriz, el precursor de los últimos
días de la historia del mundo.
Yaakov pasó la mayor parte de sus días
presa del dolor y de la angustia, y, del mismo modo, la historia
del pueblo judío ha sido una serie aparentemente incesante
de opresión y de tiranía.
Pero Yaakov vivió sus últimos años
en paz y tranquilidad. Y el pueblo judío, tras este largo
y oscuro exilio, habrá de hallar la paz y la tranquilidad
de la redención final.
(Basado en el Zohar y el Maharal)
"Isajar es un asno de huesos fuertes... vio que la tranquildad era buena... y aun así inclinó el hombro para soportar" (49:14)
Detengámonos a mirar las barracas de los soldados.
¿Alguien encontró alguna cama de lujo ortopédica?
¿El menú es cinco estrellas? ¿La comida la sirven
mozos de frac?
Los soldados son entrenados para la guerra. Para
poder llevar a cabo su tarea, tienen que ser capaces de funcionar
en forma efectiva en las circunstancias más estresantes.
Por eso los soldados se ven privados de todas las
comodidades que uno encuentra en la casa propia. Se los entrena
día y noche para que puedan soportar y seguir funcionando
en situaciones en que las que la gente normal sufriría
un colapso. Y todo esto es para que estén preparados para
cumplir con su tarea de defender su país y las vidas de
sus ciudadanos.
Inclusive cuando les faltan las comodidades más
básicas, tienen la tranquilidad mental necesaria para poder
ser efectivos.
Lo mismo ocurre con el estudio de la Torá.
Si uno se entrena en el nivel correcto, podrá estudiar
con serenidad, pase lo que pase en el campo de batalla de la vida.
Isajar es la tribu dedicada al estudio de la Torá.
"Vio que la tranquilidad era buena". Isajar percibió
que para poder estudiar Torá, su mente necesitaba estar
descansada y relajada, libre de todo tipo de batalla. Por eso,
"inclinó el hombro para soportar", vale decir,
se hizo a sí mismo víctima del necesario ataque
espiritual, para que ante cualquier dificultad que encontrara
en el camino, pudiera emerger de la reyerta con la paz mental
necesaria para poder sumergirse en el estudio de la Torá.
(Rabí Yerujam Levovitz)
Reyes I 2:1 - 12
Contenido
Así como en la Parashá estudiamos la
última voluntad y el testamento de Yaakov Avinu, la Haftará
trata de las últimas palabras del Rey David.
David le encomienda a su hijo de doce años,
Shlomo, que actúe como un hombre de sabiduría y
de rectitud, a pesar de su tierna edad, y que defienda y salvaguarde
la Torá.
Y le promete que si ha de servir a Hashem en verdad,
con todo su corazón y con toda su alma, será merecedor
de que de él desciendan todos los reyes de Israel.
De la misma manera en que Yaakov Avinu iluminó
el sendero que habría de transformar a sus hijos en un
pueblo, David ha Melej ilumina el sendero que hará de Shlomo
el padre de Reyes.
Sin embargo, existe una sorprendente diferencia entre
la escena del lecho de muerte de Yaakov Avinu y la del Rey David.
Al irse de este mundo, Yaakov convocó a sus doce hijos,
mientras que David solamente convoca a Shlomo, pues solamente
él era su consuelo y el único digno de heredar el
linaje davídico.
(Adaptado de Rabí Mendel Hirsch)

Comentarios sobre las Canciones que cantamos en la mesa de Shabat a través de las generaciones.
Shalom Aleijem
"Bienvenidos..."
Boajem le shalom, tzetjem le shalom...
"Venid en paz, partid en paz"
¿Cómo es que apenas después de
darles la bienvenida a los ángeles celestiales, ya les
damos la despedida?
Cuando Yaakov Avinu salía de Eretz Israel,
la Torá nos dice que tuvo un sueño profético
en el que vio ángeles que subían y bajaban por una
escalera. Rashi explica que los ángeles que acompañaron
a Yaakov en Eretz Israel regresaron al cielo, mientras que los
ángeles que fueron designados para acompañarlo al
salir de la Tierra Santa bajaban a recibirlo.
A los ángeles que habrán de acompañarnos
en este día santo del Shabat, les decimos "Venid en
paz", y a nuestros ángeles de los días de la
semana, les decimos "Partid en paz".
Escrito y Recopilado por: Rabino Yaakov Asher Sinclair
Editor y Responsable: Rabino Moshe Newman
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